El MUN: la escuela de las malas prácticas



Esta noche termino de mirar el documental “The Edge of Democracy” dirigido por Petra Costa y nominada al Oscar como mejor documental largo. Después de verla siento un temor visceral recorriendo mi cuerpo, temo por el futuro de este país. Al mismo tiempo siento una ligera emoción de satisfacción por lo que siento: Pensaba que la inmensa corrupción dentro de todos los estratos de la universidad me había insensibilizado, pensaba que dentro de mí la normalización de la corrupción, de la mediocridad, de la traición y de la hipocresía ya había hecho metástasis.
Mis ojos brillaban cuando observaba a los protestantes brasileños tomando los exteriores de la cámara de diputados, incluso pese a todo lo podrido que se mostraba en el documental nada superó el momento crucial del destape de la corrupción brasileña y sus constructoras.
Observar y oír a los políticos de derecha preguntarle a Dilma Rousseff: “¿En qué medida su excelencia y su gobierno se sienten responsables, con total sinceridad, por esta recesión, por los 12 millones de brasileños sin empleo, por los 60 millones de brasileños con deudas atrasadas y por una pérdida del 5% en el poder adquisitivo?”, cuando más de la mitad de los miembros de las dos cámaras del Congreso en ese año (2016) estaban bajo investigación o ya habían sido acusados por delitos como fraude y homicidio, fue repudiable.
Sin duda alguna, el documental va más allá de los casos de OAS y Odebrecht, nombres tan recurrentes en la prensa peruana, y es recomendable verla porque revindica aquel principio tan anhelado del periodismo: Incomodar al poder. La investigación de Petra nos acerca a las entrañas del modus operandi de la cúpula más corrupta del gigante latinoamericano.
No obstante, lo más llamativo en el filme fueron las relaciones de poder y de encubrimiento entre los políticos y empresarios, fiel a una expresión tan conocida por aquí: “Otorongo no mata otorongo”.
Después de ver el largometraje, me dirijo a la universidad para reunirme con un grupo de amigos y organizar una actividad académica. Lamentablemente pocos se presentaron, es así como decido conversar con una compañera para reprogramar la misma.
Yo:                         Que raro que no hayan venido
Ella:                       Sí… sería bueno que los llames y les digas que reprogramamos la reunión para el sábado por la tarde
Yo:                         ¿No crees que sería bueno consultarles a todos por la hora y fecha?
Ella:                       Robby… tienes que entender que a veces estar consultando a todos y esperar la respuesta de cada uno de ellos no funciona, por eso la democracia a veces no funciona. Tienes que dar una fecha y no consultar para no perder el tiempo.
A VECES LA DEMOCRACIA NO FUNCIONA… ¿Cuándo ocurre esto? ¿a qué tipo de pensamientos y sistema recurren los gobernantes cuando sucede?, si la democracia se entiende como la participación activa de los ciudadanos, la sociedad civil y el gobierno por el futuro de una nación, si esta agota sus alcances qué tipo de accionar deberíamos tener frente a la resolución de problemas nacionales tan importantes y crónicos.
 
Cuando participamos en el Modelo de las Naciones Unidas (desde ahora MUN), lo que se busca en los participantes es desarrollar las habilidades necesarias para resolver problemas internacionales en un ambiente diplomático. En consecuencia, negociar, debatir y proponer son los ejes de este simulador que lleva al participante a convertirse en un embajador del país que representa.
Es evidente que toda la actividad se rige bajo los principios democráticos: no hay decisión que no se tome en conjunto con una votación o mediante cualquier mecanismo que asegure una atmósfera completamente democrática. Idealmente estas son las bases del MUN, pero lamentablemente, como en la política de nuestro país, la realidad no puede ser más descabellada.
Cuando participe por primera vez en el MUN UNSAAC, que desarrolló entre el 13 y 15 de agosto del 2019, no me había imaginado encontrarme con una delegación cual organización política peruana (como Solidaridad Nacional o Fuerza Popular, subyugadas bajo objetivos mezquinos dentro del mundo político). Estas ya poseían una agenda de actividades que les permitiera crear lazos de beneficios y conseguir a rajatabla los premios dentro del MUN.
A cualquiera le parecería razonable que un grupo de participantes, organizados y unidos con el fin de desempeñarse de manera excelente en el MUN puedan plantearse objetivos como equipo o reunirse al final de cada actividad para discutir sobre aquello que les falta mejorar o realizar. Pero sin duda alguna, trabajar como equipo y generar un espacio de “favorcitos” entre la mesa directiva o diferentes participantes de una misma delegación (y peor aún si llegan a la mayoría simple) desnaturaliza por completo la idea y los objetivos de la realización de un MUN.
Se supone que uno participa con la idea de escuchar y analizar todas las propuestas posibles dentro de los debates, para luego así mejorarlas o votar por aquella que sea la más beneficiosa para el país que uno representa. Un delegado íntegro y justo no se subyuga bajo los objetivos mezquinos de simplemente ganar reconocimiento o ganar a toda costa, que muy bien podrían ser promovidos en cualquier delegación que no comprende los objetivos del MUN.
Más bien, un correcto delegado escucha, promueve el debate y discusión de ideas como de propuestas, mira en cada problema una solución y se proyecta con el futuro de su país, e independientemente de la victoria de su delegación, se enfoca en crecer como persona reivindicando los valores de la cultura diplomática.
Imaginemos que lo que ocurrió en el MUN UNSAAC pasará en verdad en la ONU, o sin ir tan lejos en la política peruana, ya crecidos estos chicos y chicas que pertenecen a estas delegaciones sin principios definidos podrían crear su propio lobby dentro del congreso y crear alianzas “estratégicas” para llegar a objetivos que solo los benefician a ellos, y en el peor de los casos esgrimiendo la bandera de la democracia bajo discursos o proyectos populistas y corruptos. La manera en como nos expresamos y cómo solucionamos los hechos dentro del MUN nos da a conocer nuestra capacidad de respuesta a los problemas.
Por otro lado, lo que se espera de una delegación concisamente es que estas sean grupos donde los participantes realicen sus feedbacks, mejoren sus habilidades de oratoria, convencimiento y sobre todo se generen espacios de amistad donde lo primordial sea la promoción y adopción de los principios democráticos que tanto promueve la ONU para evitar, precisamente, que el futuro de los países y gobiernos se vea infectado por personas inescrupulosas que no temen cometer actos delictivos sin una visión holística y sistemática sobre las naciones del mundo. Porque en la simulación del MUN, uno tiene la oportunidad de representar a diversos países y cambiar el rumbo de la historia, como también mejorar el presente mediante proyectos e ideas bien estructuradas. ¿Estamos dispuesto a asumir el reto? ¿a poner las manos al fuego?

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