Comentario: Los desafíos de las universidades latinoamericanas en el siglo XXI


¿Qué les queda por probar a los jóvenes (…)?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos (…)
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente. (Benedetti, 2016)

¿Qué nos queda por hacer a los jóvenes antonianos? hoy más que nunca necesitamos una visión crítica sobre nuestra universidad, hoy más que nunca se necesita repensar el rumbo que recorre nuestra marginada escuela profesional de Ciencias de la Comunicación.
Algunos dicen que sufrimos un atraso ideológico y académico; comentan que nos hemos quedado en los años 80. Ya no hay progreso. Tal vez esto sea cierto, solo bastará con visitar nuestra casa de estudios y percatarse de los pequeños detalles que rodean a esta enigmática universidad con más de 320 años de función.
En consecuencia, bastará con analizar las actitudes de los estudiantes y docentes para determinar el clima moral: lo que tengan por correcto se mostrará no sólo en lo que dicen explícitamente, sino en aquello que no se toman la molestia de decir (Fondo de los hermanos Rockefeller, 1964).
Tomando en cuenta estos aspectos, predecimos que serán evidentes los cuantiosos hechos infames que se encontrarán dentro de nuestra escuela de Ciencias de la Comunicación y también en otras escuelas profesionales.
Para hacer más fructífero estas apreciaciones se considerará algunos temas que aborda el especialista en Educación, Ciencia y Tecnología del Departamento de Desarrollo sostenible del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Román Mayorga. En un artículo que publicó en 1999.

1.    Alcances generales

Se considera pertinente mencionar el tema general del artículo: es un análisis los desafíos principales de la institución universitaria en el siglo XXI. Por ende, el autor expresa sus persuasiones fundamentales sobre los retos del futuro, colocando como elemento importante la producción del conocimiento académico que solo puede generar una universidad. Esta misma, según refiere el autor, es el motor principal del desarrollo económico y social en el mundo (Mayorga, 1999).
En un primer momento R. Mayorga afirma: “(…) pongo especial énfasis en el papel de las universidades, no porque la universidad puede hacerlo todo, sino porque lo que la universidad debe hacer me parece absolutamente imprescindible” (Mayorga, 1999, p.1). Su enfoque sobre el deber de las universidades se contrapone con aquel discurso que pretende atribuir a la universidad toda responsabilidad del futuro social, como del actual. Discurso que es utilizado por diferentes autoridades quienes hacen mal, pues más que otorgarle dignididad a la universidad, solo muestran su escasa vision madura sobre la realidad de la UNSAAC; Mayorga es claro: la universidad no lo puede hacer todo. Se necesitará de la intervención de todos los elementos de la sociedad civil para lograr el progreso de nuestra región.
Por ende, aquellos frutos que produsca la UNSAAC (en tanto esté dentro de sus posibilidades) en pro del desarrollo social cusqueño es imprescindible, porque puede traer ante nuestros ojos aquello que tanta falta nos hace y necesitamos.
Por otra parte, una idea redundante en el artículo lo que el autor considera adecuado para el desarrollo social, que a su vez está ligado a la universidad. “(…) sostengo que el más dinamizador de esos factores en el siglo XXI será el conocimiento, y que eso les da a la ciencia y a la tecnología una centralidad motora en todo el proceso de desarrollo (…)” (Mayorga, 1999, p.2).
Concuerdo con Mayorga cuando expresa que el “conocimiento es un factor dinamizador”, ¿Cuándo no lo fue? Pero discrepo en parte sobre su percepción de la ciencia y la tecnología. Comprendo que estos factores son fundamentales para el desarrollo social, pero qué es el desarrollo social sin los movimientos de contracultura como las artes plásticas o escénicas, ¿qué es el desarrollo humano sin el combustible que proporcionan los movimientos artísticos que no se configuran en función de la cultura del rendimiento?

2.    El reto de construir una sociedad justa basada en el conocimiento

“Posiblemente el desafío que más englobe a nuestras universidades en el siglo XXI sea el de contribuir significativamente a construir una sociedad basada en el conocimiento que afronte con eficacia y equidad los grandes problemas de la región” (Mayorga, 1999, p.2).
Al leer esta frase, se suscitan diferentes preguntas alrededor de mi: ¿Cómo se puede lograr superar este desafío si los jóvenes universitarios hoy en día son un chiste? Quién se precoupa verdaderamente por el principal actor dentro de las univerdades, capaces de contribuir significativamente al desarrollo de la región cusqueña. Si ni quiera la gran mayoría de docentes nos toma en serio, nos miran como seres amorfos a los cuales hay que “formar” (como si no estaríamos formados ya por nuestras experiencias personales), por eso tal vez se hacen llamar formadores. No por nada Chomsky (2017) afirma:
[se observa a los estudaintes como] vasija[s] que hay que llenar con contenido, un recipiente que sabemos (…) está lleno de agujeros. (…) enfoque que aplican quienes solo enseñan para superar pruebas y test, y emplean otros mecanismos parecidos que destruyen el interés de los estudiantes, a quienes tratan de encajar en un molde para que sean fáciles de controlar. (p.56)
Sería bueno que esta ultima cita a la que hago referencia sea el único y más importante problema que atenta contra el desarrollo juvenil en las universidades. Pero todos sabemos que se suman: las redes sociales y la procastinación, los vicios, las drogas sociales, etc.
Regresando a lo que menciona el autor, mientras desarrolla la idea de “construir una sociedad justa”, también aborda el problema de la pobreza y otorga una visión muy alentadora en cuanto al deber de las universidades latinoamericanas sobre este hecho.
“(…)<<conciencias críticas y creadoras>> de nuestras sociedades, deberían contrubuir mucho más a la creación de modelos propios de reforma que de verdad fueran eficaces para resolver nuestro enorme problema de pobreza y desigualdad” (Mayorga, 1999, p.3).
Bienaventurados aquellos que logran encontrar halos de esperanza en la juventud. Pero actualmente estamos en el año 2019, y todos los hechos negativos que mencioné anteriormente merman esta visión del autor, que puedo asegurar, hoy parece estar fuera de contexto.

3.     Afianzar la identidad cultural iberoamericana en un mundo globalizado

(…) la función universitaria de preservación, difusión y creación de cultura incide profundamente en la concepción y valoración de sí mismas de las respectivas sociedades, mientras las publicaciones universitarias, la conceptualización de fenómenos y valores, la creación de discursos, modos de pensamiento y entornos intelectuales impactan continuamente la conciencia colectiva. (…) las artes (…), los modelos de enseñanza, la filosofía, (…) los paradigmas de la sociedad (…) son afectados por lo que ocurre y lo que deja de ocurrir en las instituciones (…). (Mayorga, 1999, p.4)
La UNSAAC no llega a cumplir ninguna de estas funciones, mucho menos impactar en la conciencia colectiva. Es de saber público que hace más de 10 años que la universidad ha tomado un rumbo casi hermético ante la sociedad. La producción intelectual con acceso a la sociedad civil difícilmente se hace notar.
En consecuencia, el Cusco y la UNSAAC sufren un desarrollo casi estático a través del tiempo (no cuento el desarrollo económico). Aún se adoran santos, y no he escuchado críticas sobre la fe y la hipocresía de los fieles. Aún se educa con un sistema vertical de jerarquía, cuando ya existen reformas educativas que nos invitan a repensar el rumbo de la educación universitaria. Aún esta escuela profesional es marginada en esta universidad; mejor que la hayamos encontrado así porque al menos podemos ver directamente la triste realidad de nuestro entorno, pero quién se atreve a blasfemar contra la injusticia y la estupidez: nadie. Aún se le tiene miedo a la autoridad cuando este es un opresor, y todavía aún se “revindica la cultura andino-amazónica” cuando este acto ya perdió sentido en las nuevas generaciones; en otras palabras, se hace un acto reivindicatorio ya no del ser perteneciente a la serranía, más bien se revindica al “artis vacare indio”, un ídolo artificial.
Ya viví 11 años enclaustrando a mis monstruos, es hora de sacarlos a pasear. Cuándo lo harán ustedes, ¿cuándo cumpliremos en verdad la función de nuestra universidad que demanda Mayorga?
Lastimosamente la UNSAAC hace todo lo contrario a lo que Mayorga afirma, teniendo parámetros que limitan las diferentes disciplinas, este mismo lo resume así: “Estas instituciones son, pues, una parte insustituible del acervo y de la identidad cultural de las naciones, y no vale enjuiciar su labor con los reducidos parámetros de una disciplina limitada” (Mayorga, 1999, p.4). Hoy nos limitan los sabios granujas del presente, y su sistema jerárquico de poderes opresivos, quienes cuando presencian un acto de innovación (que casi siempre va en contra de lo establecido), no hacen más que suscitar aquella frase con la cual se cobijan: “Debemos respetar y hacer respetar el Estado social democrático de la universidad”

4.     Prolongar la educación durante toda la vida


(…) es evidente que el desarrollo tecnológico continuamente hace obsoletas las anteriores formas de trabajar, exige adaptarse a nuevas técnicas y valora la capacidad de aprender muy por encima de las destrezas específicas para el manejo de determinadas máquinas, especialmente las destrezas manuales que pueden ser sustituidas por nuevas máquinas. (Mayorga, 1999, p.5-6)
Una vez más preguntas rondan alrededor de mí: ¿Cómo lograríamos alcanzar esas destrezas que están sobre las máquinas? ¿Cómo se debe de educar ahora que las máquinas podrán remplazar al humano en diferentes actividades que seguimos aprendiendo en una institución educativa?

5.     Emplear eficazmente los nuevos medios tecnológicos

La increíble aplicación del acceso a la información que permite la conexión a Internet, las nuevas formas de interactividad y los nuevos usos de las computadoras y los dispositivos multimedia como recursos didácticos (…), tienen el poder de revolucionar las metodologías de la educación, con un énfasis cada vez mayor en el aprendizaje que en la enseñanza. (Mayorga, 1999, p.6)
¡Qué lamentable! Imaginar que dicha revolución está estancada en los salones de clase de la UNSAAC. No nos dejan utilizar nuestros Smartphones para comparar y contrastar las opiniones del docente con la de otros autores, esto es incoherente porque ni siquiera poseemos en toda la escuela profesional con alguna conexión a Internet para los estudiantes, a esto se suma la marginación sobre las herramientas multimedia que los docentes generan.
Para ser una universidad licenciada, no se puede trabajar así, considero fundamental tener algunas herramientas mínimas para poder avanzar no a pasos de gigantes, sino a pasos que sean necesarios y de verdad aprender.
Seamos conscientes sobre lo que afirma Mayorga, y analicemos nuestra realidad compañeros y compañeros antonianos. Ahora no es arriesgado afirmar que la educación que recibimos es una estancada en los primeros años del siglo XX.
¿Hasta cuándo seremos una triste fachada de caras bonitas? ¿Dónde quedó aquella universidad en la cual se dio una de las primeras reformas universitaria a nivel latinoamericano (antes que el grito de córdoba)? ¿Dónde quedaron esos intelectuales que se esmeraron tanto por revindicar al indio, y que llevaron al indigenismo a su máximo esplendor?

6.     Cumplir bien las funciones universitarias tradicionales

Es probable que, en el siglo XXI, los libros no sean de papel, que las experiencias de laboratorio se realicen en todas partes y que las aulas virtuales, con nuevas formas de interactividad, sustituyan en gran medida las de ladrillo y cemento. Las universidades que no vean esto y que no sean capaces de adaptarse a esos y otros cambios previsibles, probablemente desaparecerán. (Mayorga, 1999, p.11)
¿Qué tiene la PUCP que no tenga la UNSAAC? ¿Qué tiene la UPC que no tenga la UNSAAC? ¿Qué tiene la UAC que no tenga la UNSAAC? Es acaso el factor económico el elemento indispensable para mejorar nuestra universidad, o será también la organización de la misma, tal vez sea nuestra culpa por ser parte de este oscurantismo académico, o tal vez de los docentes, no lo sé. Buscar una respuesta ahora me parece vago. Sin embargo, está claro que nuestra universidad nunca desaparecerá (ya sea por su historia, o por su necesidad de convertirse en una empresa despiadada que produce Zombis). Pero también está claro, como afirma Mayorga, que nuestra universidad, como lo que alguna vez fue, y como lo que aún queda de esa institución de educación superior que tuvo su esplendor en 1909, desaparecerá; no físicamente, pero sí en su quid. Es cuestión de tiempo.


Referencias


Benedetti, M. (2016). Antología poética. Madrid: Alianza editorial.
Chomsky, N. (2017). Porque lo decimos nosotros. (A. S. Mosquera, Trad.) Barcelona: Planeta.
Fondo de los hermanos Rockefeller. (1964). La Fuerza de la Idea Democrática. (A. B. Cabral, Trad.) México, México: Hispano Americana.
Mayorga, R. (1999). Los desafíos a la universidad latinoamericana en el siglo XXI. Revista Iberoamericana de Educación. Obtenido de https://rieoei.org/historico/documentos/rie21a02.htm




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