Refutaciones internas: ¿Es mi protesta un acto egocéntrico?


Cada vez que pregono mi discurso contra el sistema educativo actual o contra la sociedad cusqueña (porque es la que más conozco), siempre hubo ideas y preguntas que divagaron entre mis meditaciones y críticas: ¿Por qué quiero cambiar esto que se ha desarrollado de manera orgánica por décadas? ¿Mi protesta contra el sistema educativo y el statu quo actual, en función de qué propósitos o intereses se configura?
Inmediatamente después de darles la atención debida, las respuestas llegaban con la facilidad que empleaba para esconder o ignorar las mismas. En otras palabras, las respuestas existen, pero sentía vergüenza al recordarlas o expresarlas; hasta ahora.
Si bien en unas semanas cumpliré 18 años y se supone que seré considerado (por fin), como un ciudadano consciente y responsable de sus actos. Tengo que darle algo de razón a mis allegados cuando me expresan, de manera casi artística, que: “aún estoy en proceso de construirme y de construir mis propias definiciones sobre el mundo”
Con esto deseo hacer evidente mi afán contra el conformismo, claro ejemplo de ello son las dos preguntas anteriores, que no hacen más que desestabilizar las bases de mi ideología y mi visión sobre el mundo.
Ahora bien, retomemos las preguntas. Mi protesta se configura en función de la siguiente frase: “El fin justifica los medios”. En el fondo, mis discursos se justifican gracias a ella.
No obstante, de manera orgánica mi protesta ha tomado un camino bondadoso y en el mejor de los casos, se encamina a mejorar el bienestar y desarrollo de mi generación; hecho que me pareció insólito.
Ser un cambio sobre aquella generación que ha sido deshumanizada y embrutecida, de aquella en la cual los niños y niñas han sido obligados a madurar, e inversamente, donde la gran mayoría de adultos se han convertido en niñatos de mente cerrada.
¿El fin justifica los medios? Sí, mi fin es sentirme menos infeliz, situarme en una historia que me pertenece y de la cual soy parte, además ser más consciente de las infamias del presente, así como de sus posibles soluciones. Mi medio es este, mi trinchera y mi búnker son los discursos y las palabras, respectivamente; no he encontrado más libertad en mi vida que en estos dos actos que no son derecho de todos, sino privilegio de algunos.
¿Acaso todo tiene que satisfacerme? Tal vez por esto no me conformo con la educación/adoctrinamiento que recibo; entonces ¿la educación tiene que satisfacerme? ¿todo debe de estar configurado en función de mis deseos y necesidades? Sinceramente, no lo creo. Más bien me arriesgo a afirmar que la sociedad cusqueña no satisface los deseos de la gran mayoría de sus ciudadanos, por eso es que existe esta frase: “nadie está aquí para cumplir tus deseos”. Se tenía que decir, y se dijo…
Mi deseo ahora, es reducir la mediocridad, hipocresía y corrupción en las instituciones educativas, mi deseo es ser más feliz en esta ciudad, mi deseo es poder sentir que existo en esta maquinaria social, sentir que soy parte de algo y a su vez hacer algo en pro del desarrollo de esta tierra, porque quiero llamarla “mi tierra, mi ciudad y por último mi cultura”.
Sí, también deseo que la sociedad me ayude a cumplir estos anhelos míos. En otras palabras, que se configure para satisfacer mis deseos más bondadosos.
¿Se dieron cuenta? Estos discursos que escribo ahora, también llevan consigo algo de egocentrismo. Porque quiero sentirme parte fundamental y centro de esta sociedad. ¿Seré un maldito narcisista? Permítanme dejarles la respuesta a ustedes… Todo lo expresado hasta ahora, es un sentir mío, un intento de deconstrucción personal.
¿El fin justifica los medios? Si tenemos razones suficientes, por supuesto que los justifica. Porque actúo y actuamos basándonos en lo que consideramos correcto y adecuado, como también somos conscientes de aquello que hace daño, de lo que es inmoral y poco ético. Que la edad no sea excusa suficiente para hacernos un nudo en la garganta.
Mi corta trayectoria dentro del sistema educativo de la UNSAAC, me ha servido para percatarme de una involución hacia el cansancio, la mediocridad, la indiferencia y el hastío evidente en nosotros los estudiantes. ¿No se supone que la educación universitaria se entendía como una etapa emocionante, más allá de las juergas y la chacota, donde la investigación, el aprendizaje y la realización de uno mismo eran factores emocionantes que nos invitaban a abrazar la carrera profesional y la vida?
Considero necesario mencionar mis conversaciones con muchos compañeros y compañeras sobre su percepción acerca de su “vida universitaria”; algunos son infelices, otros reniegan por la mediocridad presente en compañeros y docentes, y lamentablemente existen los que les es indiferente toda problemática dentro y fuera de la universidad. ¿Quién asume el pleito? ¿quién está dispuesto a mejorar nuestra realidad en una sociedad donde a los jóvenes solo les importa acabar, de manera casi inmediata, la etapa universitaria?
Llegado a este punto, mi malestar (como es evidente) ya no es solo personal, es un malestar general. Hay cáncer y gangrena en la universidad, por ende, también en la sociedad. De mi egocentrismo y deseos personales, emana mi protesta y evoluciona en una necesidad y deseo, ya no individual ni narcisista hasta cierto punto, sino en uno colectivo.
Termino haciendo hincapié en este alarido poético: ¿Nuestro fin justifica nuestra protesta? ¡Si tenemos razones y creemos en ellas, sí la justifica!
Autor: Robby Alvarez Cuno


Comentarios

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  2. "Mi deseo ahora, es reducir la mediocridad, hipocresía y corrupción en las instituciones educativas, mi deseo es ser más feliz en esta ciudad, mi deseo es poder sentir que existo en esta maquinaria social [...] Sí, también deseo que la sociedad me ayude a cumplir estos anhelos míos"
    Kelvin, “nadie está aquí para cumplir tus deseos”. Se tenía que decir, y se dijo…

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  3. Respuestas
    1. Baia baia, no lo había visto así, me parece interesante esa combinación de términos.

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  4. Estimado compañero, tu extremismo liberal es una imagen del pensamiento de Gonzales Prada. Al igual que Prada, tu rechazo radical no hará que las personas despierten de su letargo, por el contrario, alimentas el faccionalismo. Funda un proyecto que brinde una solución y no manifiestes tu odio como si fueras un rebelde que se alza contra el mando. Cuando descalificas la educación lo único que se destaca es tu ego. Un juego político nutrido por el egocentrismo de un caudillo enferma la nación ¿es eso lo que buscas?

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